Todo es posible, pero no todo es cierto. Mientras caminábamos por el borde del cráter de uno de los volcanes del norte, cerca de la solitaria carretera del Golden Ring, la cabeza me bullía de ideas: tramas posibles, el germen de una novela.
Bajé la vista al suelo: rocoso, árido, como siempre. Una auténtica radiografía congelada en el tiempo de una explosión de lava que brotó directamente del corazón de la tierra. Mientras los demás se alejaban, me detuve a recoger un par de piedras porosas. Las observé con curiosidad, intentando reconstruir los procesos geológicos que habían esculpido aquellas protuberancias y oquedades. Algún tipo de gas debió horadar la materia, creando esos borbotones y microcavidades. Un gas que, tal vez, seguía encapsulado en el interior de la roca. Y de ser así, ¿cuál era su composición química? ¿Sería tóxico, o tal vez… alucinógeno?

En Islandia, la geografía, el clima y la luz conspiran para que la imaginación se desborde, proyectándose más allá de lo posible. Ante tal escenario, no sorprende que los lugareños crean firmemente en la existencia de los elfos. ¿Conoces la isla? ¿Qué impresión te causó?


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